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domingo, 15 de octubre de 2017

OTTO VON GUERICKE, UN ALCALDE EXCEPCIONAL


Otto von Guericke nació en la germánica ciudad de Magdeburgo cuando apenas se iniciaba el siglo XVII. Hijo de una influyente familia burguesa, cursó estudios en las universidades de Leipzig, Jena y Leyden. La física y las matemáticas, sus dos pasiones, le llevaron a ser uno de los científicos más importantes y célebres de su generación.
Particularmente impresionado por los trabajos de Pascal y Torricelli sobre la presión atmosférica, von Guericke se propuso llevar a cabo el que en su tiempo fue acaso el más famoso y popular experimento científico. Ajustando dos semiesferas huecas de cobre de 50 cm. de diámetro, extrajo el aire de su interior, creando un vacío en la esfera. A continuación dispuso que dos recuas de ocho caballos cada una, tirara de cada una de las semiesferas. El asombroso resultado fue que la fuerza de aquellos robustos animales no consiguió separar las dos mitades de la esfera hueca.


La fama del científico traspasó las fronteras de su patria chica, y se vio obligado a repetir la demostración en diferentes escenarios, uno de ellos la Dieta Imperial de Ratisbona, y siempre con idéntico éxito. El experimento llegó a hacerse famoso en Europa entera, conociéndose con el nombre de los hemisferios de Magdeburgo. También se interesó nuestro hombre por otras materias tales como las máquinas de vapor o el comportamiento de los émbolos en el interior de los cilindros (fue un precursor en la construcción de pistones). En electrostática experimentó sobre los fenómenos de atracción y repulsión. Fue el inventor de la primera máquina electrostática de que se tiene noticia, construyendo un prototipo capaz de producir descargas de gran intensidad. Estudió también la naturaleza de los relámpagos y realizó algunos notables progresos en astronomía, trabajando en el cálculo de las órbitas de los cometas.


Pero además de su faceta científica, Otto von Guericke fue jurista y político. Ejerció el cargo de alcalde (margrave) de su Magdeburgo natal con notable acierto y popularidad. En 1631, durante el curso de la Guerra de los Treinta Años, la ciudad fue literalmente arrasada por las tropas imperiales, en lo que se conoce históricamente como el Saco de Magdeburgo. De los más de 20.000 habitantes de la población quedaron apenas 5.000 con vida. Bajo el competente regimiento de von Guericke, la ciudad devastada volvió a ponerse en pie después de una reconstrucción tan admirable que se vio reconocida hasta por el bando enemigo en la contienda.
Así pues, además de figurar por méritos indiscutibles en nuestra galería de protagonistas de la ciencia, Otto von Guericke merece también sin duda un lugar en el reducido número de gobernantes sabios y honrados. Quede aquí constancia de nuestro tributo de admiración por el científico y por el hombre de bien que fue.

Si se sorprende a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba la comisión correspondiente, daré orden de fusilarlo. Groucho Marx.



miércoles, 11 de octubre de 2017

CARAN D'ACHE, EL PRIMER LÁPIZ DE FRANCIA


Este señor de aspecto un tanto ridículo, que aparece retratado en un daguerrotipo primitivo, era Emmanuel Poiré, nieto de un oficial del ejército napoleónico, que nació accidentalmente en Moscú en 1858. Desde los diecinueve años, ya en Francia, utilizó el seudónimo de Caran D'Ache, inspirado en la palabra rusa karandash, que significa precisamente lápiz. Desde hace ya muchos años, una conocida y prestigiosa marca francesa de lápices, plumas y otros artículos de oficina, se bautizó con ese nombre, en recuerdo a aquel gran dibujante e ilustrador.
Caran D'Ache comenzó su carrera artística trabajando para el Ministerio de la Guerra en el diseño de uniformes militares. Durante ese tiempo formó parte del ejército francés y realizó caricaturas e ilustraciones para el periódico La Vie Militaire, casi siempre de exaltación patriótica.

A partir de 1880 se relajó un poquito. Publicó caricaturas y dibujos cómicos en la revista Le Chronique Parisienne, y primitivas historietas en Le Rire. También fue pionero en el campo de las caricaturas editoriales, que aparecieron cada lunes en el diario Le Figaro. Destacaron sus dibujos sobre el escándalo de corrupción en la construcción del Canal de Panamá, y también los que publicó sobre el célebre Caso Dreyfus que dividió a la opinión pública francesa de su tiempo.
Os ofrecemos aquí una selección de sus dibujos y caricaturas que esperamos sean de vuestro agrado. Veréis que están construidos con el fino trazo y la aguda ironía que caracterizaron a su autor. Un gran pionero del Comic y un artista genial.
















domingo, 8 de octubre de 2017

RAOULT WALSH, CINEASTA CON OFICIO



Nuestro particular recorrido por la Historia del Cine se detiene hoy en la figura de Raoult Walsh, a quien podemos calificar como el mejor director de películas de aventuras de Hollywood. Lo que se dice un especialista en el género, con títulos tan emblemáticos como El ladrón de Bagdag, Murieron con las botas puestas o Tambores lejanos.
La mayor parte de su carrera como director transcurrió en la Warner, a mayor gloria de Error Flynn, que en los años cuarenta fue la estrella indiscutible de la productora. Una anécdota de su biografía bastante desconocida es que siendo muy joven, participó como actor en el mítico film de Griffith, El nacimiento de una nación. Perdió un ojo en un desgraciado accidente, y de esa forma se equiparó a John Ford, el otro tuerto de oro de la industria cinematográfica americana.
Hoy os ofrecemos el enlace (clic en la carátula) para visionar la versión original de El pirata Barbanegra, producción de 1952 que contó con la interpretación de Robert Newton, actor injustamente olvidado, y la magnífica presencia de Linda Darnell, una belleza hollywoodiense con uno de los escotes más espléndidos que se recuerdan. Se trata de la típica cinta de aventuras que caracterizó el trabajo de Walsh. Disfrutadla durante la duración de su metraje, sin haceros demasiadas preguntas.

Próxima entrega: Olivia de Havilland



miércoles, 4 de octubre de 2017

LISBOA ANTIGUA Y SEÑORIAL


Lisboa antigua reposa llena de encanto y belleza, dice la vieja canción. En efecto, encanto y belleza son dos de los principales atributos de esta hermosa ciudad asomada al Atlántico desde su privilegiado balcón occidental. El padre Tajo, que penetra en Portugal con la delicadeza del amante primerizo, recorre serpenteando su geografía, hasta abrirse en su estuario prodigioso. Ahí está el puente 25 de abril, en todo similar al de San Francisco, uniendo ambos extremos del estuario, dibujando su línea sutil en la bahía. En la diaria y siempre sorprendente puesta de sol, se ruboriza el horizonte como una colegiala, como una novia. Suena a lo lejos la magia del fado, y el corazón se cobija entre los pliegues de un sueño tantas veces repetido y siempre nuevo: Lisboa. La Lisboa que ha sobrevivido a terremotos, sunamis y pavorosos incendios, resurge como un ave fénix de sus propias cenizas.


Nace Lisboa en la marítima plaza del Comercio, viva atalaya del viejo y glorioso imperio transatlántico, metrópolis materna y amorosa. Crece, después de su bautismo náutico, en el Rossio, encrucijada de renovadas amistades, salpicada de kioscos de prensa, sombras pobladas de trinos de jilgueros, pájaros urbanos y proféticos. Se hace grande a través de la avenida del Marqués de Pombal, monumental arteria trazada con la rectitud geométrica de las perdidas civilizaciones ultramarinas. Extiende como un pulpo sus tentáculos por Sao Bento, por Chiado, por la Baixa y la Estrela... Se eleva como un gigante en el bairro Alto, tan señorial como antiguo, para acanzar las estrellas en la Alfama, la Alfama querida de calles empinadas y serpenteantes. La Alfama que sabe a bacalao y a fado, a fado y a bacalao cocinados a fuego lento en los fogones de la nostalgia y del llanto. Es el laboratorio donde se cuece la saudade, esa sutil niebla del espíritu que se difunde desde Lisboa hasta Macao, hasta Cabo Verde, hasta el Brasil...


El joven Bigotini conoció con otros amigos la vieja Lisboa, el viejo Portugal de los primeros ochenta, todavía sumido en la alegre borrachera de aquellos claveles revolucionarios que tanto fascinaban a los españoles de entonces. Grandola, vila morena, terra da fraternidade... Otra canción. Siempre canciones. Todo eso existe, todo eso es triste, todo eso es fado. Amalia Rodrigues, erguida como una diosa, y el rasgueo acariciador de guitarras y laúdes. En aquel remoto viaje hubo amor, hubo una Vespa estropeada, hubo una chimenea prodigiosa en el viejo palacio de Sintra, hubo interminables paseos por la Alfama, hubo inolvidables excursiones por el parque de Monsanto, hubo porco a la alentejana, hubo deliciosas gambas (camarones) en Santarem, hubo playa en Estoril, hubo zapateiras y almejas en el Algarve, hubo besos, risas y más amor en Sagres, en Faro, en Lagos, en Albufeira, en Vila Real. Vinho verde y María la portuguesa y amor y besos y risas.


Mucho después, con más años, pero con la misma ilusión y parecida alegría, el viejo Bigotini y sus chicas volvieron a recorrer la Alfama. Una Alfama que había ardido como una tea. Fuego extinguido y humeantes brasas calentando los corazones. Balacao en sus innumerables presentaciones, asado, con natas, en croquetas (pasteis do bacalhau), a la portuguesa con sus aceitunas... El rey de los peixes. Sardinhas a la brasa, frescas, recién pescadas, puestas al fuego en una humilde parrilla, y servidas en la más humilde taberna de la Alfama, saben a gloria bendita, saben a Lisboa. Hay más cosas, muchas más. Está el cabrito grelado, con sus deliciosas patatitas, el porco del Alentejo, salteado con almejas. Está el frango, pollo, gallo, animal totémico del Portugal atávico y secular. No puede dejar de probarse al piri-piri. Y en materia de peces, además del bacalao y las sardinas, triunfan la lubina, la dorada, los jureles, las delicadas anchoas marinadas...


Platos contundentes también. El caldo verde. El imponente cocido portugués con feijoas (judías) o garbanzos, aderezado con chorizos, morcillas, tocinos, gallina, pies de puerco, verduras y arroz. Las lulas (chipirones, calamares) en mil formas diferentes y siempre suculentas. La gran feijoada con arroz. Los arroces, por supuesto. Arroces caldosos de mariscos, rissottos con pato y verduras. El pulpo sobre lecho de patatas. Los postres, higos, cerezas, el prodigioso flan-pudim-Molotov, una bomba repostera que estalla en la boca, evocando precisamente su contundente apellido. Están también los delicados pastelitos de Belem, pasteles de crema, aunque los lisboetas los llamen de nata, tostaditos por fuera y semilíquidos por dentro. Y están los viejos tranvías ascendiendo por cuestas imposibles, el ascensor de la Gloria, que conduce al bairro Alto y a las más hermosas ruinas de Europa occidental, la bulliciosa plaza del Rossio, las cervezas fresquitas en la del Comercio, el castillo de San Jorge, la torre de Belem, el monasterio de los Jerónimos, la Sé catedralicia, el museo de los Descubrimientos, el Goulbenkian... Está Lisboa entera bullendo de vida y brillando de pura hermosura.


Conviene destacar algunos establecimientos, a saber: Ô Chapitó en Costa do Castelo, 7, un lounge-bar restaurante donde puede el viajero degustar su cuidada coktelería y alargar ad infinitum la noche lisboeta. El Velho Macedo, en la rua da Madalena 117, un pequeño bistró con sólo cinco o seis mesas donde se sirven las exquisiteces más típicas de la cocina portuguesa. El restaurante Clara Chiado, en largo Rafael Bordalo Pinheiro 17, un sitio elegante con una cocina algo más de diseño y un poco más cara de lo habitual en Lisboa. El Coraçao de Sé, tv do Almargem, 4, un establecimiento pequeño y modesto con deliciosos platos del día, muy cerca de la Seo, la catedral. El Clube do fado, en rua S. Joao da Praça 94, uno de los mejores de Lisboa para escuchar fado en vivo. El llamado Café Martinho da Arca, que a pesar de su título, es un restaurante magníficamente situado en la plaça del Comercio 3, bajo los soportales, su especialidad son los arroces y los mariscos. La Casa do Alentejo, en rua Port. Sto. Antao 58, un viejo edificio, casa regional, decorado con profusión de azulejos maravillosos. Deliciosa cocina y biblioteca que puede visitarse.


Aun hay más. El Musseu da Cerveija, en la plaça del Comercio, parada inevitable para todos los amantes del dorado líquido. La Pastelaria Suiça, en plaça del Rossio 96-104, una pastelería-cafetería ideal para desayunos potentes aptos para turistas todoterreno. La Antiga Confeitaria de Belem, llamada ahora Pasteis de Belem, en rua de Belem 84-92, todo un templo pastelero que no debe dejar de visitarse. Además de comprar alguna cajita de pasteles para llevar, es obligado tomarse allí un café y probar un par de pasteis de nata (un par o los que se tercien). Así recién hechos y calentitos están impresionantes. Por último, pero no menos importante, hay que visitar A Ginjinha, en largo de Sao Domingos, 8, junto al Rossio. Se trata de un diminuto local con un mostrador de apenas metro y medio, que sirve copas de licor de ginja, aguardiente de cerezas que es probablemente la bebida alcohólica más popular de Lisboa.
Levantando esa copa de dulce y olorosa ginjinha, se despide Bigotini de Lisboa, una perla asomada al infinito océano, que quedó para siempre grabada en nuestro recuerdo.

Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar o ser un miembro útil a la sociedad. Oscar Wilde.



domingo, 1 de octubre de 2017

JOSÉ MARÍA BLANCO-WHITE, EL INGLÉS HETERODOXO


Este sevillano nacido en 1775, que fue inscrito en su bautizo como José María Blanco Crespo, era descendiente de irlandeses afincados en Andalucía. Su padre, el vicecónsul británico William White, españolizó su nombre como Guillermo Blanco, y se casó con la andaluza Gertrudis Crespo. José María readaptó posteriormente su nombre para expresar su doble origen, por eso ha pasado a la Historia de las Letras Españolas como José María Blanco-White.
Siguiendo la tradición católica familiar, estudió con los dominicos y terminados los estudios, profesó como sacerdote. Pero muy pronto, a los diecinueve años, vio flaquear su vocación religiosa. Más tarde, volcado por entero en las artes, el humanismo y la literatura, frecuentó los ambientes intelectuales de su tiempo, alternando con figuras tan sobresalientes como Juan Pablo Forner, Arjona, Tenorio Herrera, Reinoso o Alberto Lista, con quienes fundó la Academia de Letras Humanas de Sevilla. Fue en estos años cuando comenzó a publicar sus primeras obras, tanto en verso como en prosa.


Marchó a Madrid en 1805 como preceptor del infante Francisco de Paula. Conoció a Juan Meléndez Valdés y a otros intelectuales de la corte, y adquirió reputación de ser uno de los más prometedores poetas y literatos españoles. Durante este periodo mantuvo relaciones con Magdalena Esquaya, que concibió a Fernando, su único hijo. Aunque de forma todavía secreta, Blanco-White había ya renegado de la fe católica, desengañado en parte por el ultracatolicismo de su familia, que mantenía a dos de sus hermanas en conventos de clausura, y en parte por sus propias lecturas y su acercamiento intelectual a la Iglesia Anglicana. Además de su heterodoxia religiosa, que le puso en aprietos con la Inquisición y le granjeó un puesto de honor en la Historia de los heterodoxos españoles de Marcelino Menéndez Pelayo, se encontró tras la Guerra de la Independencia enfrentado políticamente al poder, por su decidida participación en las Juntas Patrióticas y su declarado liberalismo. Se había trasladado a Inglaterra en 1810, en principio con intención de regresar a España, pero ya no regresó. Falleció en Liverpool en mayo de 1841.


Desde el punto de vista literario, Blanco-White ejemplifica a la perfección la transición entre el Neoclasicismo y el Prerromanticismo. Es escritor igualmente reconocido en las letras españolas y en las inglesas, pues tanto en prosa como en verso, brilló en ambos idiomas. Fue él mismo quien se encargó de traducir del uno al otro la mayoría de sus obras. Desde la óptica de la cultura española, Blanco-White fue quizá nuestro principal embajador en el mundo anglosajón. Junto al estadounidense Washington Irving, supo plasmar la idiosincrasia de la España y los españoles decimonónicos con gran rigor y lejos de los prejuicios y los tópicos que se adjudicaban a nuestro país en el resto de Europa. En este sentido, Blanco fue inspirador de los primeros hispanistas británicos, que en fechas posteriores han dado tan importantes figuras al estudio de nuestra Historia y nuestra cultura. Biblioteca Bigotini tiene hoy el placer de poneros al alcance de un clic (hacedlo sobre la cubierta) una formidable versión digital de la Autobiografía de José María Blanco-White, que su autor escribió en inglés, sin traducirla en vida al castellano. Es la mejor fuente para introducirse en el pensamiento y el devenir biográfico de este heterodoxo irlandés que fue también español hasta la médula de los huesos.

Ser bisexual duplica las oportunidades de conseguir una cita el sábado por la noche. Woody Allen.



lunes, 25 de septiembre de 2017

¡A DÓNDE VAMOS A LLEGAR!


DESCUBREN A UN FUNCIONARIO HACIENDO HORAS EXTRAS

De nuestra redacción. Gran conmoción ha causado la noticia en todos los ámbitos de la sociedad. Fuentes de la Delegación Provincial informaron ayer que un funcionario que responde a las iniciales J.P.M., fue sorprendido la tarde del pasado jueves haciendo horas extraordinarias en su negociado de la Delegación.
Al parecer existe un testigo ocular. Otro funcionario, compañero del citado, cuya identidad no se ha dado a conocer, se encontraba casualmente en el edificio, donde había acudido para mostrar a una amiga el despacho del Director Provincial. Yo sólo quería enseñarle a Loli el sofá de piel del despacho, que es comodísimo -declaró el testigo-, y claro, como hay que pasar por las oficinas, pues allí estaba él... Me quedé muerto. Sentí náuseas, me dieron ganas de vomitar, y la pobre Loli venga a llorar... La tuve que acompañar a su casa, y el viernes causé baja por enfermedad. La verdad, no se si podré recuperarme de la impresión algún día.
Loli declaró el día siguiente que ya conocía el despacho y el sofá, pero que las otras veces había entrado por la puerta que usa el señor Director, sin pasar por las oficinas. Cuando vi allí trabajando a ese tío, me dio un vuelco el corazón, dijo. Me asusté mucho porque otra cosa no, pero una es muy sensible y muy mirada para estas cosas.

Un portavoz del Sindicato de Funcionarios, consultado sobre el particular, ha manifestado su más profunda indignación, tanto personalmente como en nombre del cuerpo funcionarial que representa. Al parecer el individuo a quien se atribuye este hecho inaudito, había manifestado ya en múltiples ocasiones, comportamientos extravagantes. Era el primero en llegar y el último en marcharse, declararon algunos de sus sorprendidos compañeros. Siempre le ha gustado hacerse notar a ese, han añadido. Por las mañanas, casi nunca bajaba a tomar el segundo café, y desde luego, nadie recuerda que alguna vez viniera al tercero. Nunca hablaba de las cosas normales del trabajo, como vacaciones, nóminas, moscosos, puentes o pagas extras... Empleaba un lenguaje extraño, y en lugar de sudokus o crucigramas, manejaba unas carpetas que él llamaba dosieres y expedientes. Decía siempre frases sin sentido, como “tengo que resolver esta solicitud” o “tengo que terminar tal informe”. Los compañeros nos mirábamos sin saber qué contestarle. Nunca leía el Marca. Para mí que está mal de la cabeza.

Una de las empleadas de la limpieza de la Delegación se ha manifestado en parecidos términos: Una servidora casi no le conocía a ese señor, porque estoy casi siempre con la baja por esta maldita ciática, pero raro era un rato largo, que una vez hasta le vi que se limpiaba él mismo su mesa con un spray y una bayeta que guardaba en el cajón. ¡Dónde se ha visto! ¡Qué poca vergüenza!
También se ha mostrado molesto un portavoz de la asociación de hostelería, que hablaba en representación de los cuarenta y tres establecimientos próximos a la Delegación Provincial. Si cunde este mal ejemplo -ha manifestado-, muchos tendrán que cerrar. ¿De qué vivirá la hostelería si se reducen los desayunos, los almuerzos, los cafés y las meriendas de los funcionarios. ¡A dónde vamos a llegar!
El Excelentísimo Señor Director Provincial ha declinado hacer declaración alguna. Promete que el caso se investigará, y se tomarán las medidas que procedan. De fuentes bien informadas hemos llegado a conocer que su esposa, un tanto escamada, le ha pedido explicaciones sobre la presencia de un sofá de grandes dimensiones en su despacho, y sobre la tal Loli.



viernes, 22 de septiembre de 2017

EVANGELISTA TORRICELLI. EL ALUMNO AVENTAJADO


En Faenza, provincia de Rávena, que entonces pertenecía a los Estados Pontificios, nació en octubre de 1608 Evangelista Torricelli, que estaba llamado a ser uno de los más eminentes científicos del recién iniciado siglo XVII. Hijo de familia acaudalada, fue envíado a formarse con su tío Jacopo, monje de la regla de San Benito. A los diecinueve años marchó a Roma, donde continuó su formación bajo la tutela de Benedetto Castelli, también benedictino, y de nada menos que Galileo Galilei. El joven Evangelista resultó un discípulo a la altura de su maestro. Así lo reconoció el propio Galileo cuando en 1632 tuvo en las manos el primer trabajo de Torricelli, una obra titulada De motu, que desarrollaba admirablemente algunos principios de la mecánica, por la que el científico de Pisa estaba tan interesado.


A partir de entonces el joven alumno se convirtió en la sombra de su maestro, una especie de secretario personal que lo acompañó en su retiro de Arcetri. Lamentablemente, la delicada salud y la quebrantada moral de Galileo tras su penoso proceso inquisitorial, le permitieron vivir sólo unos meses más. Huérfano de mentor, Torricelli aceptó la oferta que le hizo Fernando de Medici, para impartir matemáticas en la célebre Academia de Florencia. Allí, en la floreciente Florencia, flamante capital del Gran Ducado de Toscana, residió y trabajó Evangelista Torricelli durante el resto de su existencia, hasta que la parca inexorable le llamó a su lado, víctima del tifus, en octubre de 1647, cuando acababa de cumplir treinta y nueve años.


Cuatro años antes de su fallecimiento, en 1643, realizó Torricelli el experimento que le ha convertido en uno de los más brillantes científicos de la Historia. Hizo ascender una columna de mercurio en un tubo hueco de cristal en cuya parte superior se había hecho el vacío. Sumergido el extremo abierto en una cubeta con mercurio, el peso del aire atmosférico, hizo ascender la columna dentro del tubo. De esta forma quedó demostrado que el aire tenía peso, y por lo tanto, era capaz de ejercer presión. Más aun, esa presión atmosférica podía ser medida y cuantificada. Torricelli acababa de inventar el barómetro, un instrumento científico destinado a influir de forma decisiva en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. La climatología, la hidrodinámica y muchas otras disciplinas se beneficiaron de este avance crucial. Enunció además el que se conoce como Teorema de Torricelli, de capital importancia en hidráulica, en realidad una derivación del Principio de Bernoulli que describe el comportamiento del flujo de un líquido contenido en un recipiente a través de un pequeño orificio, bajo la acción de la gravedad, y se representa matemáticamente con la fórmula siguiente:


Su obra Opera geometrica contribuyó a la mecánica de los cuerpos en movimiento. También trabajó las soluciones para curvas cicloides, estudió los conceptos de equilibrio y centro de gravedad de los cuerpos, las parábolas y las trayectorias parabólicas de los proyectiles. En óptica llevó a término importantes mejoras tanto del telescopio como del microscopio, y en definitiva, Evangelista Torricelli fue uno de los más sobresalientes científicos de su tiempo. El viejo profe Bigotini debe dejar en este punto esta breve semblanza de Torricelli. El brusco descenso del barómetro no presagia nada bueno, y cierto dolorcillo en una pierna termina de confirmarlo. Nos pondremos a cubierto amigos.

El ignorante si calla, será tenido por erudito, y pasará por sabio si jamás abre la boca.