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lunes, 8 de agosto de 2016

MIGUEL SERVET, MÁRTIR DE LA INTOLERANCIA


Miguel Serveto y Conesa, nació en la localidad oscense de Villanueva de Sigena al final de la primera década del siglo XVI. Se hizo llamar Michael Servetus o Michel de Villeneuve en diferentes etapas de su vida, pero la mayoría le conocemos como Miguel Servet, y con este nombre ha pasado a la Historia de la ciencia y de la teología. A lo largo de su biografía se interesó por materias tan dispares como geografía, astronomía, meteorología, física, jurisprudencia o matemáticas. También alcanzó reputación como experto en el estudio de la Biblia, pero los campos en los que más destacó fueron la anatomía, y para su desgracia, la teología. En anatomía, Servet se adelantó varias décadas a William Harvey en el descubrimiento y descripción de la circulación pulmonar o menor, mediante la que la sangre venosa, vuelve a oxigenarse en los pulmones. Simplemente este logro formidable resulta suficiente para elevar a este sabio aragonés al Parnaso de la medicina y las modernas ciencias de la salud. Esta gran aportación quedó recogida en su obra Cristianismi Restitutio, La restitución del cristianismo, una de sus varias obras filosóficas y religiosas. Y es que, digámoslo de una vez, la teología fue la perdición de Miguel Servet.


Desde su Villanueva natal se trasladó primero al castillo de Montearagón, y más tarde, siguiendo a su maestro Juan de Quintana, fua ampliando estudios en Toulouse, París, Estrasburgo, Ginebra, Basilea, Alemania e Italia, asistiendo en 1530 en Bolonia a la coronación de su señor Carlos V como emperador. A través de estos y otros viajes, Miguel tomó contacto con las nuevas ideas religiosas reformistas, que por doquier iban abriéndose paso en todo el continente europeo. Siendo un hombre apasionado y en ocasiones exaltado, Servet no perdió ocasión de manifestar de forma abierta e incluso vehemente sus opiniones y sus ideas. Además de la citada Restitución del cristianismo, publicó otras obras teológicas como De Iustitia Regni Christi o Declarationis Iesu Christi Filli Dei, también conocida como Manuscrito de Stuttgart. Pero la obra de Servet que alcanzó mayor difusión fue sin duda De Trinitatis Erroribus, donde se ocupaba de la por entonces muy escabrosa cuestión de la Trinidad. Tuvo la osadía de hacer llegar un ejemplar de esta obra al arzobispo de Zaragoza, que naturalmente lo puso en busca y captura por parte del Santo Oficio inquisitorial.

De manera que huyendo de los católicos, Servet fue a meterse en la boca del lobo de los protestantes. De Trinitatis Erroribus había causado gran escándalo entre los partidarios de la Reforma, sobre todo entre los alemanes. Bajo la falsa personalidad de Michel de Villeneuve, natural de Tudela, Servet se ocultó primero en París y más tarde en Lyon, desde donde tuvo la osadía de mantener una correspondencia regular nada menos que con el reformador Calvino, uno de los principales líderes espirituales de la nueva iglesia protestante. Esta correspondencia fue subiendo de tono paulatinamente y probablemente terminó de dictar su sentencia. De camino hacia Italia, quizá el único lugar donde las posturas aun no se habían radicalizado como en otras partes, y acaso hubiera tenido oportunidad de salvarse, Servet hizo escala en Ginebra. Siempre temerario, no tuvo mejor idea que detenerse precisamente en la iglesia donde solía predicar su adversario Calvino. Allí fue inmediatamente reconocido y hecho prisionero el 13 de agosto de 1553.

Tras un penoso cautiverio, fue condenado en septiembre y ejecutado en la hoguera el 27 de octubre. La muerte de Miguel Servet fue seguida inmediatamente de una ola de indignación que curiosamente fue mayor en el ámbito protestante. Un reformador como Sebastián Castellion afirmó que matar a un hombre no es defender una doctrina, sólo es matar a un hombre. La figura de Servet fue revindicada por muchos partidarios del librepensamiento que vieron en su ejecución una prueba más de los peligros del fanatismo religioso. Hillar, uno de los principales biógrafos y estudiosos del personaje, afirma que Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho. Desde Bigotini nos unimos al llanto por este ilustre aragonés universal y a la reivindicación del derecho a pensar libremente.

Si fracasamos en conciliar la justicia y la libertad, fracasaremos en todo.